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miércoles, 15 julio 2020 / Publicado en Novedades

El funcionamiento de las drogas en el cerebro

Los tóxicos son sustancias químicas que afectan al cerebro, interfiriendo en la forma en que las neuronas se comunican (enviando, recibiendo y procesando la información) (NIDA, 2008). Drogas como la marihuana y la heroína pueden activar las neuronas debido a que su estructura química es similar o imita la de un neurotransmisor natural, permitiendo engañar a sus receptores y provocando que la droga se adhiera a las neuronas, activándolas (NIDA, 2008). Pero hay una diferencia, cuando esto sucede por la droga, envian mensajes “defectuosos” expandiendose por toda la red de neuronas.

Otras drogas como la cocaína pueden liberar grandes cantidades de neurotransmisores (que intervienen en el sistema de recompensa) o pueden evitar la eliminación de estos, haciendo que se acumulen, teniendo por tanto una gran cantidad acumulada (NIDA, 2008).

Sistema de recompensa.

Dicha conexión entre neuronas o el uso de neurotransmisores, participan en lo que conocemos como sistema de recompensa del cerebro, el cual tiene su propio circuito neuronal, desempeñando un papel importante en el aprendizaje, alimentación… como bien sabemos.

La base del circuito de recompensa está compuesta por neuronas que utilizan la dopamina como neurotransmisor, la cual regula los sentimientos de placer, motivación y emoción. Este neurotransmisor se encuentra en zonas profundas del cerebro y establece conexiones con sistemas cerebrales importantes para la recompensa, emociones y aprendizaje (Guerri, 2012). Este sistema refuerza nuestros comportamientos naturales como comer por ello, cuando dicho sistema se deteriora, las personas adictas tienen una gran dificultad para sentir ciertas emociones.
Las drogas activan el circuito de manera más intensa, llevando al aprendizaje de conductas de consumo y reforzando los estímulos que llevan a dicho consumo (Guerri, 2012). Es decir, como las drogas activan el mismo circuito, aprendemos a abusar de estas de la misma manera en que comemos por ejemplo (cuando se refuerza el sistema de forma natural).

¿Por qué las drogas son más adictivas que las recompensas naturales?
Todo esto conlleva a pensar por qué las recompensas naturales no crean tanta adicción como las drogas. Esto sucede porque las drogas liberan de 2 a 10 más cantidad de dopamina que las recompensas naturales como el sexo o la comida (NIDA, 2008). Además, en muchas ocasiones, el efecto ocurre inmediatamente y dura más que las recompensas naturales. Por ello el efecto de la droga (una recompensa grande) lleva tan fuerte a la gente a consumirlas.

Consecuencias cerebrales por adicción
Los mecanismos implicados por ejemplo en la tolerancia, puede llevar a cambios profundos en las neuronas y los circuitos del cerebro comprometiendo la salud del cerebro (NIDA, 2008). Ademas, la adicción a tóxicos puede llevar a adaptaciones en la memoria no conscientes. El condicionamiento es un ejemplo de este aprendizaje, donde ciertos entornos de una persona se asocian con la droga y pueden llevar a la persona a tener deseos incontrolables por consumirla, incluso sin la sustancia en físico (NIDA, 2008). Este tipo de reflejo es altamente durable y es por eso que decimos que la adicción se trata de una enfermedad crónica.

Asimismo, se ha visto que altera las estructuras cerebrales encargadas de controlar las conductas que llevan al consumo de drogas. Afecta al autocontrol y la capacidad de toma de desiciones de la persona, tomando las más arriesgadas, ya contando con los impulsos de consumir (craving).

Referencias:
Programa Internacional del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (2008). Las Drogas, el Cerebro y el Comportamiento. La ciencia de la Adicción. NIH. Vol 15, 1-31.
Guerri, C. (Junio 2012). Bioquímica de las adicciones. Dossier Científico. 1-7.

martes, 07 julio 2020 / Publicado en Novedades

El uso de drogas según los manuales

El consumo o uso de sustancias tóxicas ha sido definido de diversas maneras. Actualmente, el DSM-5 combina el uso y adicción (siendo esta terminología diferente) en un único trastorno denominado trastorno por consumo de sustancia, cuyos criterio son:

– Deseos de dejar el consumo, finalizando en esfuerzos fallidos

– Dedicación de gran parte del tiempo para la obtención de drogas

– Consumo de grandes cantidades de sustancia o durante un tiempo prolongado

– Deseo inteso de consumo

– Incumplimiento de responsabilidades por el consumo recurrente

– Continuo consumo a pesar de los problemas interpersonales o sociales que puede acarrear

– Abandono de actividades sociales, recreativas, etc.. dehido al consumo

– Consumo de forma continuada aunque la persona sepa que tiene un problema

– Tolerancia y abstinencia

Lo cierto es que, la realidad es otra, ya que encontramos a muchos adolescentes o adultos jovenes que hacen uso de sustancias aunque no suponen las consecuencias que el DSM-5 especifica. Por lo que es importante hacer una diferencia entre el uso, abuso y adicción a sustancias.

Diferencias entre uso, abuso y adicción a sustancias

Se entiende por “uso” aquel comportamiento en el que el consumo del tóxico no implica consecuencias negativas sobre la personas que consume y su entorno, ya sea por su cantidad, escasa frecuencia o por la situación tanto física como psíquica del sujeto (Humbert, 2016). Pero, sabemos que muchos consumidores definen su uso sin consecuencias, restándole importancia, manifestando un “yo controlo” cuando realmente si presentan una dependencia a la sustancia. Además, sustancias como cocaína, actúan modificando los circuitos responsables de la gratificación, reduciendo su capacidad para experimentar placer de manera natural (Humbert, 2016). Aunque se ha de destacar que muchas personas si hacen un consumo responsable de tóxicos, no afectando en ninguno de los ámbitos.

Cuando hablamos de “abuso”, nos referimos a aquel comportamiento donde el consumo del tóxico ya sea por la cantidad, frecuencia u características del sujeto, produce a la persona consumidora consecuencias negativas, ya sea para ella o su entorno (Humbert, 2016). Un ejemplo es cuando una mujer sea moderada consumiendo alcohol y tabaco pero si esto es mantenido durante un embarazo, estaría llegando al abuso (Francisco, 2018).

Por último, se entiende como “adicción” aquel comportamiento que prioriza el consumo de una sustancia frente a otras conductas antes prioritarias (Francisco, 2018). Es decir, el consumo que empezó como un acto esporádico ahora se convierte en el centro de la vida de la persona, siendo entonces una adicción. La persona dedicará la mayor parte del tiempo a pensar en el consumo de drogas, en su búsqueda, obtención, etc. Al fin y al cabo, las adicciones son dependencias que traen consecuencias graves, afectando a la salud tanto física como mental del sujeto, además de, afectar a todos sus ámbitos o contextos (personal y social (Humbert, 2016). Esta definición, en la cual se incluye la dependencia, puede incluir dos dimensiones:

– Dependencia física: Cuando el organismo de la persona se habitua a la presencia de la sustancia, de manera que cuando esta desciende aparece el Síndrome de Abstinencia. Esta dimensión está muy asociada a la tolerancia.

– Dependencia psíquica: Consumir droga por el alcance de un estado de placer o por la evitación de un estado aversivo. Esta es más dificil de eliminar ya que requiere el cambio en la conducta y las emociones del sujeto.

Por tanto, para este último concepto es preciso incluir los fenómenos de abstinencia y tolerancia.

Como es bien sabido, la adicción se considera como una enfermedad cerebral ya que, el consumo continuo de sustancias modifica el funcionamiento de áreas encefálicas o circuitos de recompensa y motivación

(Humbert, 2016).

Prevención de la drogadicción.

Hay estudios que demuestran que los programas de prevención en los cuales están involucradas las familias, escuelas, comunidades y medios de comunicación pueden ser eficaces para prevenir o reducir el uso de drogas y adicción (NIDA, 2019). Aunque factores personales y culturales afectan a las tendencias del uso de drogas, cuando las personas ven el uso de estas como un acto arriesgado, tienden a reducir su uso.

Se ha manifestado la importancia de la educación y divulgación para ayudar a las personas a entender los riesgos que conllevan el uso de drogas (NIDA, 2019). Por ello, es importante el rol que juega tanto los padres, como los profesores o profesionales a la hora de prevenir la adicción.

Referencias:

Humbert, S., (28 Febrero 2016). Uso, abuso y adicción ¿Hablamos de lo mismo? [Entrada de blog]. CdN 200.

Francisco, J., (12 Junio 2018). Diferencias entre uso, abuso y adicción [Entrada de blog]. La mente es maravillosa.

NIDA. (2019, noviembre 15). Entendiendo el uso de drogas y la adicción. Recuperado de:

https://www.drugabuse.gov/es/publicaciones/drugfacts/entendiendo-el-uso-de-drogas-y-laadiccion en 2020, June 6

martes, 09 junio 2020 / Publicado en Novedades

La adicción como enfermedad incurable implica la presencia o la tendencia a las recaídas, donde la mejor forma de prevención es aceptando el riesgo. Comúnmente, se ha definido la recaída como el regreso a los patrones de comportamiento y pensamientos de la adicción, que ya se habían superado (abstinencia) y que lleva por tanto, la vuelta al uso de la sustancia, regresando al estado anterior de recuperación.

Percepción de las recaídas.
La recaída esta formada por decisiones que la persona toma, conectando una con otras, y formando por tanto el proceso de recaida (Pereira, 2017). Dichas decisiones son las llamadas de “riesgo relativo”, pudiendo parecer poco importantes pero que, al acumularse, van llevando a la persona a un punto imposible de resistir (Pereira, 2017), desembocando o no en una recaída.
Las recaídas durante el tratamiento no tienen que ser un fracaso de este, de hecho forman parte del proceso. Una recaída debe tratarse como un aprendizaje, donde la persona tome conciencia de que no se esta haciendo bien. El proceso de rehabilitación implica el abandono de conductas muy arraigadas en la persona, por lo que es comprensible que resulte muy fácil volver a ellas.

Anticipando la recaída
Se puede observar en muchas personas algunos elementos o síntomas comunes que pueden anticipar una recaída o consumo y que además, pueden servir para su detección precoz y su prevención. Estos son (Zafra, 2017):
– Retorno del pensamiento obsesivo relacionado con el consumo e inversión del tiempo en el fantaseo
con la posibilidad dicho consumo.
– Descuidar el compromiso de la recuperación: Alejarse de los profesionales.
– Discusiones con la familia: Centradas en la percepción del adicto sobre una falta de confianza o sobre la petición de retomar una autonomía no programada por los profesionales.
– Reactivación de los síntomas previos: Señales de impaciencia, irritabilidad y craving (ganas de consumir).
– Aislamiento social: Ataques de resentimiento hacia las personas, normalmente sobre la familia o aquellos individuos implicados en el proceso de tratamiento.
– Exceso de confianza y falso autocontrol: En relación a la exposición de los entornos en los que la persona ha consumido previamente. Es decir, es el coqueteo con la exposición lo que puede terminar en un pensamiento recreativo que lleve al consumo.
– Culpa asimismo o a familiares: Minimización de los logros conseguidos, preocupación por no alcanzar los objetivos o actitud defensiva al hablar de la recuperación.
– Obsesión por el dinero: Tener prisa por la reincorporación laboral sin escuchar las recomendaciones de los profesionales, junto con exigencias personales muy elevadas.

Aunque pueden ser síntomas comunes, cabe resaltar que cada persona es diferente y pueden presentar otros distintos. Estos síntomas a veces son necesarios para redefinir el proceso de recuperación (Zafra, 2017). Es importante manejar este tipo de riesgos y mantener el afrontamiento a la enfermedad desde una posición serena junto con constancia y compromiso de cambio.

Referencias:
Zafra, A. (17 de Agosto 2017). Los 8 puntos clave en la recaída de la conducta adictiva durante el proceso de
recuperación [Entrada en blog]. IVANE SALUD.
Pereira, M. (18 de Abril 2017). Adicciones y recaídas: síndrome de recaída [Entrada en blog]. Instituto Superior de
Estudios Psicológicos (ISEP).

martes, 02 junio 2020 / Publicado en Novedades

Cuando se deja de consumir en caso de una adicción, aparecen una serie de alteraciones psíquicas y físicas que crean un intenso malestar en la persona, pudiendo provocar la repetición del consumo y que se caracterizan por ocasionar un estado antagónico al que se lograba con la sustancia o actividad adictiva, sumamente incómodas para el paciente y que ocasionalmente requiere de un fármaco para paliar las molestias en la fase de desintoxicación (Cervantes, 2020).

La persona puede empezar consumiendo por placer o gusto pero que, a partir de haber sufrido el Síndrome de Abstinencia, consume en parte por miedo a que este aparezca ya que se trata de una situación que crea mucho malestar.
El SA es, además, un cúmulo de reacciones físicas cuya intensidad dependerá de la cantidad, pureza, frecuencia de consumo, etc. Muchas de ellas son comunes a diferentes sustancias y otras son específicas.
Inevitablemente, el Síndrome de Abstinencia incide enormemente en la convivencia familiar, creando un clima de inestabilidad que algunas familias definen como “una falta de control absoluto” (Mas Bagà, s.f.).

¿Todas las drogas producen el mismo Síndrome de Abstinencia?
Los síntomas producidos por las drogas durante el síndrome de abstinencia no son los mismos, aunque existen ciertos trastornos que, en mayor o menor medida, se dan en todas las drogas, como: ansiedad, irritabilidad, alteraciones del sueño y sobre todo ‘craving’ o el deseo de consumir la droga (síntoma psicológico). Además, como hemos dicho anteriormente, la intensidad de los síntomas puede variar dependiendo de la cantidad de droga que se consuma, la frecuencia de los consumos, la vía de administración, la pureza de la droga, etc.
Se debe resaltar que, aunque a primera estancia parece muy dificil de superar, no supone un peligro para la vida de la persona, exceptuando casos como el alcohol y los barbitúricos, donde se necesita ayuda farmacológica.

Síntomas más frecuentes que aparecen en las diferente drogas (Mas Bagà, s.f.):
– 1. Alcohol: Temblores, insomnio, sudoración, náuseas… pudiendo llegar a convulsiones o Delirium Tremens en los casos más graves.
– 2. Barbitúricos: Ansiedad, insomnio, temblores, delirio y convulsiones.
– 3. Heroína: Lagrimeo, rinorrea, irritabilidad, temblores, bostezos, piloerección, pupilas midriáticas, insomnio, vómitos, diarrea, calambres musculares y pérdida del apetito.
– 4. Cocaína: Depresión, irritabilidad, insomnio, cambios en el apetito, náuseas, letargia, anergia, enlentecimiento psicomotor, trastornos en el ritmo del sueño, hipersomnia, apatía.
– 5. Cannabis: Insomnio, hiperactividad y disminución del apetito.
– 6. Anfetaminas: Fatigabilidad, trastorno del sueño, alteraciones del apetito, irritabilidad y humor depresivo.
– 7. Inhalantes: Insomnio, aumento del apetito, depresión, irritabilidad y dolores de cabeza.
– 8. Tabaco: Ansiedad, irritabilidad, alteración del sueño.

El Síndrome de Abstinencia durante el tratamiento del adicto.
Dependiendo del nivel de adicción y de la sustancia o conducta adictiva de preferencia, este síndrome puede durar desde unos días, hasta semanas. Es en este momento cuando el prospecto entra en la fase de mantenimiento de la abstinencia e inicia un proceso de crecimiento personal que en algunos modelos de tratamiento durante el primer año
se enfocan en lo que se conoce como prevención de recaídas, dirigido a lograr una remisión permanente deseable, aún
cuando la enfermedad es crónica e incurable (Cervantes, 2020).

Por eso, el primer año de recuperación es fundamental, ya que es cuando se rompen las barreras psicológicas, se desarrolla la consciencia de enfermedad y se dota al paciente de herramientas para tener una abstinencia prolongada o remisión parcial temprana, además de los cambios neurobiológicos, fisiológicos y orgánicos del individuo.

Referencias:
Hernández, O, L., Támara, Y, P., Ángel, L, E., & García, A, D. (2008). Descripción fenomenológica de la vivencia del
síndrome de abstinencia en pacientes drogodependientes. Psicología desde el Caribe. Vol 21, 85-104.
Cervantes, O. (2020). ¿Abstinencia o sobriedad? CE Noticias Financieras. Spanish ed. Miami.
Mas Bagà, M., (s.f.). CAT Barcelona: Adicciones y problemas psíquicos. Recuperado de: https://www.catbarcelona.com/

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